Equilibrio Inestable

Equilibrio Inestable

A pesar de las perspectivas de crecimiento para la economía mundial este año, la subida de los tipos de interés podría dar comienzo a un periodo de inestabilidad en los mercados financieros. Así lo explica Didier Saint-Georges, miembro del Comité de Inversión Estratégico de Carmignac.

A principios de marzo, aludíamos a los posibles efectos de la subida de los tipos de interés en la renta variable. Un mes después, sigue existiendo el riesgo de una nueva subida de los rendimientos de los bonos y, por tanto, de un nuevo periodo de volatilidad acorde en las plazas bursátiles, al tiempo que la probabilidad de sobrecalentamiento de la economía estadounidense sigue vigente.

En Estados Unidos, gracias a los avances realizados en el programa de vacunación, la economía se encuentra efectivamente inmersa en la reapertura, puesto que los cheques de ayudas previstos en el paquete de rescate del Gobierno Biden han comenzado a distribuirse a los hogares. El importe total de los distintos planes de ayuda, que asciende a varios billones de dólares, no tiene precedentes. Y este voluntarismo presupuestario debería continuar el próximo año con el imperativo político de respaldar la actividad al menos hasta las elecciones de mitad de mandato a finales de 2022.

Por tanto, la dinámica económica actual debería seguir su curso al otro lado del Atlántico. Ya estimamos una tasa de recuperación en los sectores anteriormente congelados (restauración, hoteles, transporte aéreo y ocio) en torno al 50 %. Y los datos regulares del mercado laboral sugieren un fortalecimiento continuado en la mayoría de los estados de Estados Unidos. Por tanto, el crecimiento del PIB de dicho país por encima del 7 % en 2021 es ahora factible.

Sin embargo, esta combinación de una demanda de consumo que por fin puede satisfacerse y un programa de apoyo presupuestario aparentemente ilimitado alimenta la hipótesis de un posible sobrecalentamiento; es decir, un crecimiento acompañado de tensiones inflacionistas. Esta situación plantea a la Reserva Federal un dilema: debe decidir entre el riesgo de sobrecalentamiento y el de retroceso de los mercados.

Al retrasar el endurecimiento de su política monetaria, la Fed alimenta los temores de una inflación galopante en adelante y contribuye a la subida de los tipos largos, lo que supone un riesgo no solo para la valoración de los activos financieros, sino también para diversos sectores de actividad, empezando por el inmobiliario. En cambio, un ajuste monetario por parte de la Fed seguramente haría subir los tipos de interés del mercado a más corto plazo, generando un riesgo similar para los parqués e incluso para la propia actividad económica. En esta difícil situación para la Fed, hemos adoptado una gestión marcadamente activa del riesgo de subida de los tipos de interés en nuestras carteras de renta fija.

En Europa, los retrasos acumulados en las campañas de vacunación están saliendo muy caros a la región debido a la imposición de nuevas restricciones de la actividad económica, inevitables durante varios meses más. Será difícil que el crecimiento europeo supere el 4 % este año, a pesar de un efecto de base especialmente favorable. Este retraso en el ciclo económico, debido también a los modestos planes de estímulo en comparación con los de EE. UU., al menos ha tenido la ventaja hasta ahora de generar menos presión sobre los tipos de interés.

No obstante, los mercados y la economía son fenómenos globales. Por tanto, hoy en día no podemos subestimar la probabilidad de que Europa recorte distancias, especialmente con la tan esperada aceleración del ritmo de vacunación. Esta situación nos ha llevado recientemente a ser más cautelosos respecto de los mercados de renta fija europeos.

Por ahora, el entusiasmo generado por el repunte económico está superando, en la psicología de los inversores, a los riesgos de sobrecalentamiento, de aumento sostenido de la inflación y de subida excesiva de los tipos de interés, que pueden parecer algo fantasiosos —y con razón—, sobre todo desde el prisma europeo. Sin embargo, el equilibrio de los mercados financieros es inestable.

Como gestores de riesgos, y ante el impulso que se ha dado a la economía estadounidense, no podemos descartar la posibilidad de un cambio en el paradigma de una década de duración en los mercados. Al igual que a finales de la década de 1690, Estados Unidos está llevando a cabo un cambio radical en su política económica. Y como en aquellos días, cuando el «excepcionalismo estadounidense» ya no baste para ocultar los ingentes déficits acumulados, el dólar podría acabar soportando las consecuencias en beneficio del universo emergente.

Los datos de los próximos meses, tanto económicos como políticos, podrían resultar decisivos para la materialización de una nueva tendencia en los mercados. Mientras tanto, y en este contexto, nuestra gestión en los próximos meses seguirá caracterizándose por una estructuración de carteras centrada en convicciones a largo plazo —algunas de las cuales incluso se ven reforzadas por la orientación presupuestaria estadounidense, como la transición energética— y un seguimiento muy de cerca de la acumulación de desequilibrios del mercado.